Anchoa, boquerón, bocarte o seitó. Distintos nombres para designar la misma especie marina, bautizada de estas cuatro formas según la zona del litoral peninsular en la que nos encontremos. Este pequeño pez –rara vez pasa de los quince centímetros de longitud– es uno de los pescados azules más apreciados y consumidos, debido a su exquisito sabor, su textura agradable y su excelente relación calidad-precio. El día 1 de marzo comenzó, como cada año, la llamada ‘costera de la anchoa’. Los barcos pesqueros se hacen a la mar en busca de los inmensos bancos de este pescado, típicamente primaveral, que inunda mercados y pescaderías entre los meses de abril y junio. Y aunque podemos encontrar anchoas a la venta a lo largo de todo el año gracias a la importación desde otros países, la temporada que acaba de comenzar es la época idónea para consumirlas más frescas y sabrosas que nunca.

Como todos los pescados azules, la anchoa es un alimento que posee importantes propiedades nutritivas y saludables. Destaca, sobre todo, por su aporte en ácidos grasos insaturados oleico, linoleico y omega 3. Estos dos últimos son ácidos grasos esenciales –se llaman ‘esenciales’ porque el organismo no los fabrica y debe obtenerlos a través de la dieta– que ayudan a nuestro cuerpo a regular los niveles de colesterol. El omega 3 actúa reduciendo el llamado ‘colesterol malo’ –se instala en las paredes de las venas y arterias y obstruye la circulación de la sangre– y aumentando el ‘colesterol bueno’.

Por eso la anchoa, al igual que el resto de pescados azules, está especialmente recomendada para aquellas personas que sufren el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Tampoco debe faltar en la dieta de niños y jóvenes, deportistas, personas mayores y mujeres embarazadas. Las únicas personas que deben reducir su consumo son aquellas que padezcan exceso de ácido úrico. Los especialistas en nutrición recomiendan, por regla general, tomar pescado.

Su captura tiene lugar en el Golfo Vizcaya, donde la flota de bajura del Cantábrico lo pesca, para después venderlo en la lonja, y trasladarse más tarde fresco a los mercados o procesarse para la industria conservera.

El bonito es uno de los alimentos básicos de la dieta mediterránea. El consumo del pescado en este tipo de alimentación tiende a ser más elevado que el de la carne, ya que, aunque se equiparan en proteínas, minerales y vitaminas, el contenido del pescado en grasas es porcentualmente más bajo.

Asimismo, las conservas de bonito constituyen una importante fuente de compuestos antioxidantes, básicos para prevenir determinados tipos de cáncer. Destacan sus altas propiedades nutritivas, ya que es rico en ácido linoleico y en Omega 3, ambos ácidos polinsaturados esenciales en la prevención de enfermedades cardiovasculares y muy útiles para reducir el nivel de colesterol.

Una vez seleccionados los mejores ejemplares, y después de un proceso de cocción, los lomos del pescado se cortan y envasan utilizando técnicas artesanales. Finalmente, se añade aceite de oliva virgen.

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